Amanece en la Taberna de Rick

El hombre entró. Era joven, pero por su semblante callado y serio denotaba la fria sabiduria de los hombres viejos que han vivido cosas que otros preferirian olvidar. Aunque no podia decirse a primera vista que se tratase de una mala persona, las escamas brillantes de color esmeralda denotadas tenuemenyte en sus manos invitaba cierta prudencia. Colocó su bastón a su lado al sentarse y lo rodeó con el brazo para no dejarlo caer mientras se acomodaba. Pidió cualquier bebida hecha por elfos…

– no tenemos nada aqui por ahora.- respondió el tabernero serio pero con tono amable.

– entonces cerveza… humana si es posible.

El tabernero, que por cierto para los interesados se llamaba Rick, hombre fornido y entrado en años dejó el trapo con el que estaba secando la copa en ese instante y llenó la misma debajo de un tonel. la cerveza casi se terminaba y las ultimas gotas en salir apenas podia decirse que llenaron el vaso. A Paelias no le importó. estaba mas interesado en ese instante en examinar los ronquidos de un estúpido músico que se había dormido sobre una mesa. Sacó un pequeño espejo y empezó a molestarlo con la luz del sol que entraba de la puerta. no se molestó.

Palias se levantó. Sin soltar su bastón se aproximó al muchacho, joven de cabellos castaños y revueltos, y le tomó la mandolina, abandonada aparentemente con la triste seguridad de la mano del abatido músico. En seguida el hombre reaccionó como si le hubiesen inyectado electricidad en las rodillas.

– EEJE BANDIDO!!- dijó con mal aspecto tirando de la mandolina y luego se le ahogó la maldición siguiente al ver la cara severa de Paelias.

El mago le soltó el instrumento y fue a sentarse de nuevo en la barra de la taberna para servirse del licor que le traía el dueño, sin reparar siquiera en la cara de espanto y agobio del bardo.

– Señor… no esperaba recibirle tan pronto.- le dijo disculpándose torpemente.- me he gastado la noche contándoles a todos sus aventuras…

– no ha sido lo único que te has gastado evidentemente.- dijo el joven mago imperturbable antes de sorber.- también te has gastado la mitad de tu paga…

– asi es señor… yo…

– no hace falta que lo digas.- cortó el mago mientras se sacaba del bolsillo de la túnica una pequeña bolsa.- por suerte para ti soy una persona responsable. Vi como asustaste a tu pobre cerezita con el relato de la anfisbena al salir de prisión… podrías haberte ahorrado eso la próxima vez que veas un crío entre tus oyentes.

– seguro señor…- recogiendo la bolsa de manos del mago.- es usted muy generoso.

– no comiences a lambucearme músico, dedícate mejor a tus notas que se te da mejor.- dijo Paelias mientras sorbía la taza.

– claro señor…

Entonces el silencio se abrió paso entre los dos. Por un instante Kanel, que para los curiosos e historiadores algún día les importa saberlo, era el nombre del bardo, dudó, frente a su zona de la barra vacía, y el mago limpiándose la boca con el borde de la mano. Entonces hizo una seña al tabernero y este se fue enseguida a traer pan, queso y un racimo de frambuesas para ponerla ante ellos. El mago estiró su mano y comió. Entonces del bolsillo del mago asomó un animal, Kanel lo miró con sus ojos grises y cristalinos en la cara dulce de gato juvenil.

– Ese gato parece mas inteligente que yo…

Paelias miró al gatito salir de su bolsillo y maullar mientras batía la cabeza de arriba abajo repetidamente. Entonces sonrió…

– dice que lo es…- y sonrió con él.- no deberias esperar la noche para irte, te lo sugiero. Aunque debrias aprovechar la posada al menos para darte un baño antes de salir. Yo me regreso para Aguas fuertes.

– ¿ya terminó? ¿No requiere nada mas señor? puedo seguir cantando sus hazañas, o cualquier cosas…

– no hace falta.

– es que usted paga muy bien, podria tal vez…

– no hace falta.

– contra la historia de…

– no hace falta…

El silencio volvió a meterse entre ellos tras la tercera frase.

– Incluso las serpientes se caen de los árboles, bardo… Eres un buen músico, no te adhieras a nadie por dinero como un parásito. No prostituyas tu arte y disfruta la libertad de los artistas…

– es que de todas formas… la vida de un artista es dura. No se consigue dinero tan fácilmente solo cantando.

– hum…- masculló Paelias levantándose.- ¿que te parece la vida de aventurero?

– peligrosa…

– entonces piensa en esto bardo: si no te gusta tu vida el unico que puede hacer algo al respecto para provocar un cambio eres tu. Quizas hay un momento allá afuera, un momento para el cual naciste, donde todo cuanto has vivido solo fuie el preludio, la preparacion o la busqueda. Ese momento te espera… tal vez mueras cuando llegue ese momento, pero si asi es habrás vivido todo por ése instante, mucho mas que el resto de los mortales, morirías satisfecho de saber que tu vida se cumplió…

Kanel se ensimismó asimilando lo que el mago le decia.

– si no mueres allí, entonces, es cuando escribirás una mejor canción. El destino es inexorable con aquellos que solo se conforman con esperar a la muerte aunque esta tarde 100 años en llegar.

El bardo bajó la vista y despues un instante la levantó, primero hacia el gato, que se habia vuelto de pronto tan serio como el mago, luego hacia el mago, justo a tiempo cuando este levantaba su mano despidiéndose en silencio y se marchaba.

El bardo se quedó un rato mirando la puerta vacia.

– ¿tu que opinas Rick?

– yo ya viví muchacho… aunque no tenga una canción que hable de ello, mi pasado me sonríe cuando volteo a verle.- respondió el tabernero recogiendo las tazas.

– debo buscarme aunque sea un cuchillo entonces…- y se marchó.

En la taberna, nuestro amigo Rick se quedó mirando con melancolía la puerta viendo como el joven músico se marchaba con determinación.

– joven artista, borracho y mujeriego… cuando no se imaginaba nadie que se podía echar a perder mas… y ZAS!

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